viernes, 21 de enero de 2011

El espíritu siniestro de las opciones descartadas

El problema, por decirlo de una manera sencilla, es que no podemos elegirlo todo a la vez. Por eso corremos el peligro de que nos paralice la indecisión, porque nos aterra la posibilidad de que cada elección sea la incorrecta. Es tremendo ese momento en que tomamos una decisión firme, pero luego nos angustia mortalmente habernos conformado con esa única posibilidad. Al elegir la puerta número tres tememos haber eliminado un pedazo fundamental de nuestro ser que sólo se podía haber manifestado al entrar por la puerta número uno o la puerta número dos.
Si nos planteamos que una persona afronta todos los días docenas de posibilidades, podemos empezar a entender por qué el mundo se ha convertido, incluso con todas sus ventajas, en una gran máquina generadora de neurosis. En un mundo de posibilidades tan variadas, la indecisión nos puede dejar paralizados. O quizás interrumpamos el viaje de nuestra vida una y otra vez, regresando para abrir las puertas que despreciamos la primera vez, en un intento desesperado de acertar por fin. O quizá nos dediquemos a la comparación compulsiva, midiendo nuestra vida siempre frente a la de los demás, planteándonos en secreto si deberíamos haber hecho las cosas como ellos. La comparación compulsiva, por supuesto, sólo produce casos frustrantes: envidia vital. La certidumbre de que alguien tiene mucha más suerte que tú, y que ojalá tuvieras su cuerpo, su pareja, sus hijos y su trabajo, porque entonces tu vida sería sencilla, maravillosa y feliz. Es lo que conocemos como el "sindrome por el que todos los solteros quieren estar casados, y lo casados quieren estar solteros. El rulo y el pelo lacio".
Como la certidumbre es tan dificil de conseguir, las decisiones de unos ponen en constante tela de juicio las decisiones de otros, porque ya no hay un modelo universal de lo que es "ser un buen hombre" o "una buena mujer". Parece que para saber abrirse camino en la vida casi hay que ser un experto en orientación psicológica y navegación sentimental.
Todas estas posibilidades y deseos pueden producirnos una enorme angustia, como si el espíritu siniestro de las opciones descartadas nos persiguiera, preguntándonos sin parar: "Seguro que era esto lo que querias?". Y esa pregunta nos tortura especialmente durante una convivencia, precisamente por lo mucho que nos hemos jugado al elegir a nuestro cónyuge.

1 comentario:

  1. "y si hubiera hecho las cosas difedrentes; y si no me hubiera ido por allí; y si hubiera dicho las cosas de otra forma".

    Ese eterno tormento que nuestra propia mente, y he de agregar que nosotros mismos, nos hacemos es una trampa de la "nostalgia" por pensar que pudimos haber tenido otro destino, pero es ese mismo destino el que nos vuelve a encarrilar y decir "aquí es donde"

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